VHS


Dos sueños: en el primero me encontraba rodeado de video cassetes, tomaba uno de los negros, vírgen, y lo masticaba cual Rodesia de chocolate. Aún hoy no puedo sacarme el sabor plástico de las papilas cuando lo recuerdo.
En el otro, voy caminando por una calle lateral de la ciudad vecina de Las Anclas, y encuentro un videoclub que está cerrando. Entro, y encuentro la portada más espeluznante que recuerde, abro el pack, de esos gordos a presión, a manera de libro, y me saluda un cassete color hueso, con una cinta sin rebobinar. Me vuelvo loco de la emoción, salgo a contarle a mi hermano y a mi papá, y cuando vuelvo no está más. Me esfuerzo por recordar el título, y cómo siempre algo me despierta.



El primero tal vez sea videofilia y el segundo lugar común, pero a tal grado llega mi fanatismo por el VHS.
Soy de la generación que tenía un pálido cine con estrenos de Disney o Chatrán, que a los 7 años corría al videoclub a buscar películas de terror escondidas en el rincón más oscuro del local, y que incluso cortaba su sábado para viajar por ciudades vecinas buscando las de Bergman, Billy Wilder y Sam Peckinpah en algún local perdido. Librerías de saldo y videoclubes, mi perdición.

Este es un post difícil, poque cuesta mucho explicar la pasión por algo que para muchos simbolizó la muerte de un arte.
Cuando llegué a Buenos Aires, en 1998, me encontré con Liberarte y Mondo Macabro, y los sábados a la mañana compraba dos packs de 4 videos cada uno, tomaba la línea Mitre, estación Coghlan, hacía Retiro, línea C, combinación con B hasta Uruguay, sólo para volver un par de horas más tarde saltando con la filmografía de Glauber Rocha y John Waters.


Pero la espina de esos dos sueños seguía clavada, luego de miles de cassetes grabados que luego mandaba a Las Anclas para que papá archive en un cuarto-videoteca.
Y el otro día estaba viendo un capítulo de Masters of Horror dirigido por John Carpenter, "Cigarette Burns", en el cual un millonario le encarga al protagonista, dueño de un cineclub, que le consiga la única copia en el mundo de Le Fin Absolute du Monde, un film que sólo se proyecto una vez, y que es capaz de causar suicidios, asesinatos masivos y reacciones de locura en cadena. Siguiendo la pobre línea de la serie, termina de manera muy Lovecraft, con cosas innombrables que se nombran y gore (esta serie fue pensada, entre otros, por el especialista en FX de make-up Greg Nicotero, así que hay que mostrar bastante más que insinuar). Pero me pareció muy buena la idea de esa película perdida que me lleve al límite, algo similar a lo que creyó ver Cronemberg en el mundo del vídeo cuando filmó Videodrome (1983).




A mí, el mundo del video me produce ese deseo que nace en lo más oscuro del cerebro y emociona hasta el tuétano, ese anhelo de hallar la película definitiva escondida en un rincón oscuro de una casa vieja que oficia de videoclub (¿ven? hasta el nombre video-club suena a cofradía). No me mueve un pelo el DVD con sus escenas extras y el como se hizo la película, o entrevistas en las cuales el director nos arruina el concepto que quisimos ver.
El VHS sólo tenía tapas alucinantes, cajitas que los hacían parecer pocket books, adelantos con trailers realmente buenos de películas malísimas, y el film en sí. Nada más.



Ese video palpitante que le insertan a James Woods en el vientre as a videocassetera humana más Le Fin Absolute du Monde me llevaron a recordar esos momentos en que encontré películas que pensé que nunca iba a ver, y me las llevé del lugar escondidas, cómo para que nadie me las quiera quitar de las manos... no me daba cuenta de que el mundo alquilaba Duro de matar 8 en los incipientes Blockbusters que comenzaban a invadir los barrios, marcando el fin de una nueva era de cine popular. He aquí aquellas que me desvelaron, y aquellas que aún continúan haciéndolo (me niego a bajar Torrents):



Cannibal Holocaust: la trajo mi hermano, primera película con la que vomité, no en la parte del canibalismo, sino cuando le sacan el caparazón a una tortuga amazónica y la pobrecita queda despojada de su privacidad (la tortuga cómo símbolo de privacidad, ¿aparecerá esto en los diccionarios de símbolos?)



The Child: Ésta estaba escondida en el videoclub "Apple", de mi pueblo, y en la portada aparece un niño de ojos brillantes detrás de un portón victoriano. Nada se sabe de su director, y no mucha gente la recuerda.



Carnival of Souls: Hoy en día muy ponderada, pero hace unos 15, 20 años era imposible de conseguir. La última que no me dejó dormir, con sus maquillajes expresionistas y su onda Twilight Zone.



Macunaíma: Me contaban de cómo esta película fue prohibida en casi todos lados, y seguramente para la gente anterior a mí, poder verla en su momento significó más que ir al cine a comer pochoclos, algo muy cercano a un acto que a la contemplación. El cine como acto, creo que ahí voy definiendo lo que quiero expresar.


Las que todavía me quitan el sueño:


Mermaid in a manhole: de la serie japonesa Guinea Pig, totalmente extrema. Este capítulo, el más rico de todos, trata de un pintor que pierde a su mujer y va a llorarla a la playa. En un desagüe encuentra a una sirena moribunda, y decide llevarla a su casa. Allí, deja pudrir sus heridas y utiliza el pus de sus escaras como pintura de sus vívidas obras. Dicen que al final nos damos cuenta de que la sirena es en realidad el cadáver de su difunto amor. Este capítulo inspiro al primer asesino serial de Japón, y varias reacciones en cadena de violencia y sangre.



J'accuse: de Abel Gance, el de Napoleón, una película muda francesa de terror de la cual el argumento mucho no me interesa, sino esa escena final que ví perdida por ahí en algún documental. Las ánimas de los soldados muertos en la Primera Guerra Mundial se levantan y, con sus rostros desfigurados por las bombas y la pólvora, recorren Paris. Escuché que Lon Chaney se inspiró en esto para virar su carrera hacia seres mutilados, acercando su horror al inconsciente de un pueblo norteamericano que por primera vez, gracias a los avances de la medicina, veía regresar de la guerra, vivos, a los soldados heridos.



El otro día mi sobrino me explicaba su teoría acerca de que, allá cuando se crearon las videocasseteras, alguien les puso un chip para que todas dejaran de funcionar hacia esta fecha, y es por eso que la mayoría tenemos aparatos rotos y salimos corriendo a comprar DVD players. Muy cierto lo que dice, yo aún sigo lamentando no poder apretar PLAY-REC cuando engancho una peli buena en la tele.


PD: Post número 100, y por primera vez hablando de películas. No de cine, de películas.
No esperarán que descorche champagne, che, esto es sólo un blog, no la vida.
Gracias a los que perseveran leyéndome sin aburrirse.

11 pálidas ideas:

Anónimo dijo...

Geniales estas pasiones sin remedio que nos hacen soñar quimeras obsesivamente.
Yo todavía no sé que hacer con mis cassettes.
Salud!

CSSL dijo...

Viernes, 17.20 hs, mi mejor amigo y so nos sentábamos esperando para entrar al colegio, en realidad nos sentábamos esperando a que alguno formule la maravillosa pregunta: ¿y si no entramos? Momentos después nos veíamos en el Sarmiento tratando de armar una lista de películas ¡qué difícil era! (creo que nunca voy a entender las listas). Luego, la caminata por Once, esquivando a los vendedores, a la gente. A esta altura del viaje ya estábamos muy emocionados, ya teníamos los videos casi en nuestras manos, solo faltaba llegar y agarrarlos. El subte, como siempre puntual y rápido, era la parte más placentera del viaje. Una vez en Uruguay corríamos hasta la entrada de sarmiento de esa galería horrible que habíamos encontrado una tarde. Un gordo despeinado (creo que era una imagen de mi futuro) nos saludaba y siempre tenia algo malo para decir del “pobre boludo que se había llevado esa película de mierda” unos minutos antes. Buscábamos desesperadamente cada una de las pelis de la lista, en esa época Mondo Macabro estaba lleno de cajitas de videos, puestas delicadamente en fila, cosa de que si movías una, 34 se caían. Después de unos 10 minutos íbamos al mostrador con nuestra lista y los números de referencia de cada una escritos en un costado. Como siempre, una de la lista faltaba. Nos mirábamos con horror y salíamos a la caza de esa, que no solo tenia que reemplazar a la faltante (que iba a tener que estar la semana que viene) si no que también tenia que ser la película de la noche. Una vez que teníamos las pelis en la mochila (pagábamos un peso más para poder tenerlas hasta el lunes), volvíamos con esa sensación, esas expectativas que solo tiene alguien que ama las películas; abríamos las cajitas, mirábamos los títulos a modo de hacernos “amigos” de ellas, para intentar capturar imágenes a partir de la caja original que ya había quedado grabada en la retina. Pasábamos por la casa de Maxi y, mientras uno pedía un remis el otro desconectaba la video y la metía en una 3ra mochila. Minutos después estábamos en mi casa, donde nos esperaba una caja de 10 videos, listos para perder la virginidad. Conectábamos todo a las apuradas y mientras esperábamos una pizza la primer peli ya estaba recibiendo los primeros ajustes de trakking, al grito re “tríale trakking!”…
Siempre que recuerdo estos momentos no puedo evitar sonreír. Creo que una de las mejores semanas de este año fue cuando mi hermana me presto su VCR y me la pasé viendo todos esos videos viejos, llenos de pelis que no había visto en tanto tiempo.
Levanto mi taza de 500cc de café por tu post Nº 100 y por muchos más.
Saludos

Pablo Libre dijo...

Me olvidé de mencionar el trakking!!!
gracias por traerlo a la memoria Charly. La galeria de mondo Macabro era la mejor del mundo, tenía esos lugares de discos en el subsuelo donde conseguí Abbey Road a $1, aunque hasta ese precio es descarado para ese disco.
Pol, te compro los cassetes.

Anónimo dijo...

Sí, estaba bueno el fetiche del VHS, casi tanto como el de los vinilos.
Apenas recibía la revista de Cablevisión marcaba con resaltador las que me interesaban y no iba a poder ver por cuestiones de horario. La vida es tristemente corta para tanto cine y tanta música que nunca conoceremos.
Felicidades por los 100 posts. Deberías haber hecho algo más festivo, me parece.
Abrazo.
Pompeyo

bonito lunch dijo...

buenisimo como contás la pasión por algo.
algunas cosas sueltas:
tengo vhs (muchos) y siempre pienso pasarlos a la pc.
en mi pueblecillo, pusieron un blockb..., y me juramente no ir nunca en honor a los vecinos y dueños de videoclubes.lo cumplo.
mucho cine clase b veo en tus gustos.
mi pasión era ir a disquerías a mirar.
hice un post hablando de tomar el tren para ir a "EL AGUJERITO" (NO SIEMPRE A COMPRAR).
bueno no te quiero aburrir mas
saludos.

Pablo Libre dijo...

Algo que nadie entiende es cuando se va a un lugar a mirar, tanto discos como pelis, no a comprar. Yo lo hago, a veces suscumbo ante la tentación. cual es el agujerito?

ovalado dijo...

el agujerito queda en la galería del este, en la calle florida cerca de plaza san martin y tenía los mejores discos importados. todavía existe y el dueño (creo) que es guido nisenson(musico)

Anónimo dijo...

.. el viejo y querido cassette. Mi VHS aún funciona, a pesar de habérsela prestado a mi vieja por un tiempo. Tengo algunos cassettes, joyitas heredadas cuando mi hermano decidió pasar todo a DVD, creo que si vieras todo lo que regaló te suicidás con el filo de la caja (del cassette, of course). Desde aquí veo: "The addiction", "Vampires", "new rose hotel", "Xingfu Shiguang", "Rumble fish", "Aguirre" y varios más.. De todos modos, mis disculpas, pero la calidad de lo digital es increíble.. y la practicidad.. Te dejo un buen link
Cine Clásico

Pablo Libre dijo...

Gracias Caia! Esta noche me registro y chusmeo el site.
Lo que siempre me pregunto es por qué, si es más práctico lo digital, no se hacen cosas mejores que cuando costaba ya sabés que conseguir hacer una película, disco o lo que sea. Creo que la tecnología avanzó facilitandole cosas al humano, pero las buenas ideas se terminaron hace rato. Igual, leía por ahí que este es el siglo del plagio como forma de arte, y me parece buen concepto.

Anónimo dijo...

Igual que Bonito, pocos comercios me desagradan más que Bloc...y nunca fui.
Yo tambien conservo mis VHS, tengo cassetera y no tengo DVD, cuando por necesidad tengo que ver uno lo hago en la compu.
Otra pasión vergonzante: conservo cassettes y me sigue pareciendo la mejor forma de armar mis compilados. Odio esta pila de CDs rayados que tengo. Que vuelva el vinilo, que vuelva ya.

Pablo Libre dijo...

Yo tampoco pienso tirar mis cassetes, pero el mp3 es lo más. Vinilos he comprado cuand llegué a BA, principalmente porque hay muchas cosas que no se reeditaron luego en CD. Es un gran formato, pero creo que las compañías están recurriendo a ellos más como una forma de evitar la piratería que como una gran elección.