Fantasmitas

“Papá esta pintando la casa, que no le dicen casa, le dicen chalet, y no está pintando, está barnizando. Hace un rato atrapó una ratita, que no es ratita, era laucha, con la persiana, cerrándola así, que no es cerrándola, sino bajándola, y a la lauchita no le salió nada de sangre porque como es, no como es, como será la sangre de las lauchitas. Es la primera vez que veo una, porque en la casa del nono siempre hay gatos que no se mueren y cambian de color todos los días, no cambian de color, se van y vienen, no como el Battle-cat, que cuando veníamos con mamá del jardín, cuando ella era una mamá normal porque había tomado licencia y entonces no me podía escapar de la Sala para ir a séptimo grado donde era maestra en la misma escuela, y los grandulones me enseñaban malas palabras y se creían vivos y ella tomó licencia no sé porqué y me iba a buscar como todas las mamás normales, y ahora los grandulones no se van a acordar de mí y yo sí me acuerdo las palabras. Veníamos con mamá en el auto, que no es auto, es Fitito, que yo me acuerdo cuando le pegamos con el Leonel calcomanías que decían Lale y Leonel, que no es Lale, es Ale y que no es Ale es Alejandro, porque ya sos grande y sabes hablar, si ellos me dicen Lale desde nene, rosa y celeste con forma de nubecitas y como me aburro, que la puta que lo parió ya se lo había escuchado al nono, esa vez que mamá se enojó y le dijo quién es la puta y qué me dice cosas por unas plantas que le pisó, es un chico nada más, y que después fui al jardín y al segundo año compré al Battle-cat que no peleaba con los otros gatos pero no era maricón como el gato del primo Obando, que está todo el día pasándose la lengua entre las patas, que no es gato, es gata y está operada, no porque se enfermó, porque tenía que estar más en casa y no gorda de bebés, solo gorda de comida, cómo era la palabra, la palabra... capado. Pero al Battle-cat lo prefería gordo y en la casa, aunque mamá no lo dejaba entrar, antes que aplastado al lado del cordón como un sapo de esos que atrapaba porque aparte de gatos había muchos sapos, yo le tengo terror a los sapos, que una vez llovieron y pensé que me venían a buscar y mamá me explicó que las nubes absorben los huevos y los llueven y yo le pregunté si es como si los cagaran y casi me da un cachetazo por repetirlo, cachetazo no porque ella tira del pelo, pero antes lloré y le mentí, le dije que tenía miedo de que se lo chupe la nube al Leonel, porque él era chiquito y yo en verdad quería que se lo chupara, así los sapos le hacían pis, lo oxidaban y lo dejaban aplastado en la calle cerca del cordón como al Battle-cat. Capado, ¿Hubiera escapado volando?


Nadie me cree cuando digo que al Battle-cat lo pisó el papá de mi padrino el Tonito, al que nunca conocí, de chiquitos iban con papá de excursión a Villa del Mar no como yo siempre adentro y después de mi bautismo en el setenta y ocho desapareció del mapa, como dice mamá, creo que es igual al muñeco que maneja el auto a pilas que me regaló cuando nací, pobre, no sabía que a mí no me gustan los autos, son aburridos, pisan gatos y lo pisaron al abuelo ese que me quería y no hablaba como el nono que no se le entiende nada, yo no me acuerdo de él pero lo escuché en un casete que grabó labuela de antes que lo pisaran cantando conmigo y el Leonel, cada vez que lo escuchamos ella me dice ‘vos sos como un fantasmita de él sos igual sos mi preferido’, mientras reza, reza, me hace rezar, y no quiero acordarme cuando me llevó a la San Pablo y me hizo agarrarle miedo a San Cayetano, y un día la nona, que también jode con él, sacó de un cajón su estatua barbuda y yo San Cayetano NO, San Cayetano NO, y el nono que dormía la siesta se levantó, y gritaron, gritaron, ella no, porque se hace la santa y sigue rezando, capaz para que Diosito lo perdone a él que es muy malo, y yo me enoje porque el le dijo bastazza, que ella no es bastarda, solamente son medio primos los dos, por eso tienen el mismo apellido, ella lo esperó toda la guerra, él en Rusia congelado, y ahí se volvió loco después de descongelarse en Siberia, y lo pateé en la pierna izquierda congelada, y se enojó pero no me empujó, porque él nunca le pegó ni a tu padre, que era calladito no como vos que saliste a tu madre, sino que empezó a darle a ella una que nunca había visto, y corrí con todas mis fuerzas a avisarle a papá, que lo llamo ‘rata, rata, sos una rata’, por eso ahora nos venimos a vivir acá, cerca de labuela, que está sola y nadie le puede pegar, porque los muertos no pegan, ¿no?
Papá ya está terminando de pintar, ya terminó, pero no larga el pincel, dice otra mano... y si te aburrís, no hubieras venido”.

6 pálidas ideas:

La condesa sangrienta dijo...

Pablo, es precioso este texto y me alegra que lo hayas posteado aunque sea escondido entre fantasmas.
Precioso y exacto ese pensamiento infantil que vincula cosas tan diferentes en una misma línea de pensamiento!
Me gustó mucho.

La condesa sangrienta dijo...

PD: en minificciones.com.ar ha comenzado el nuevo concurso de minirelatos de octubre. Pasá por ahí.

Pablo St. Yago dijo...

Mil gracias Condesa! Tu opinió es muy valiosa para mí. Gracias por el link, veo que usted ha sido una de las condecoradas en minificciones, es un gran sitio por lo que voy leyendo.
Te mando por mail algo muy gracioso que encontre sobre Ignatius Reilly. Beso

Anónimo dijo...

Language is a virus.

Pompeyo dijo...

Muy bueno, indeed.

Anónimo dijo...

hermoso, Pablo, me robaste una sonrisa, algo que no abunda en mis días ultimamente.