The Meat Show


No me interesa hacer un post sobre la televisión o sobre el periodismo porque, en realidad, me parece que todo lo que puede salir de esos agujeros, hoy en día, es carne picada, podrida y devuelta.
Las pocas opiniones que me han parecido coherentes en los últimos meses las he leído en blogs, y el tema que voy a tocar ahora no me atañe ni un poco, porque como he dicho antes, soy hincha de Boca Jrs., y la Selección Argentina me importa poco y nada, como a todos los xeneixes pre-Giordano, esos que iban a sacar la entrada el domingo y no estaban obligados a comprar abonos.


Lo que sucedió la última semana fue bochornoso.

Como hincha de Boca con memoria, Basile nunca me agradó. Nos sacó, sin necesidad, tres jugadores clave en el '91, que nos hicieron perder un campeonato contra un equipo mezquino, sin delanteros, del ahora ponderado Marcelo Bielsa (que cosecha club de fans entre los PD -no voy a llamarlos periodistas deportivos porque hasta para ellos esto es un insulto-, olvidando su manera tediosa y malsana de jugar sin delanteros en campeonatos y Libertadores). Incumplió un contrato para ir a jugar un amistoso contra Brasil, dejándonos a merced de Lavolpe.

Basile es un gran descubridor de técnicos, entonces. Mejor dicho, inventor: inventó a Bielsa, que tuvo un buen comienzo, pero salvó su olvido ganando un campeonato ante un Boca sin Giunta, Latorre y Batistuta, con un gol de cabeza y por penales. Inventó a un Simeone, el peor técnico que me tocó ver en mis años de seguidor de este deporte, sirviéndole el campeonato a un gran equipo con un goleador terrible y un gladiador como Verón, a quienes el niño Armani no podía poner de líberos porque le escupían la cara.


Pero aquí está la cuestión: yo puedo decir que Basile es un incapaz, aunque no lo haría por el sólo hecho de que es ua persona mayor, y por el hecho de que gracias a él fuí hincha de la Selección por dos años ('91 al '93). ¿Pero cuán autorizados se encuentran esos idiotas de traje para opinar, desde su ignorancia y frente a una cámara, igual que una persona del montón como yo?


Ahora, que es el momento de disciplinar a un grupete de mediocres que creen ser estrellas, proponen a Maradona. Ahora, que es el momento de tener sangre en las venas, proponen a Russo. Ahora, que es el momento de no volver a creer que somos los mejores porque ganamos una copa de leche en China, proponen a Batista. Ahora, que es momento de tipos con una idea definida sobre qué quieren, proponen a Simeone.


Es hora de que se callen los periodistas. Y si no quieren hacerlo, es hora de que apunten más alto, a la cabeza de este embrollo. Porque si tienen el "poder" de echar a un tipo que si tuviera a todos ellos enfrente, se les pararía de manos y no dejaría uno en pie (cómo deben resolver las cosas los hombres, no hablandole a una cámara como niñitas), deben tener el poder de derribar al Gran DT de Sarandí. ¿O tengo que pensar que son como estos programitas de cámaras ocultas, que se meten con los más pequeños estafadores, y nunca van por un pez gordo?


Como hincha de Boca, que sufrió a la Riverción de Passarella, que tuvo que irse llorando del colegio luego de que nos sacaran a Batistuta en 1991, que vió a Sorín tirándole centros a Zanetti contra Suecia, y que tuvo ganas de romperle la cara al Messi mirando para otro lado en el banco en 2006, voy a hacer una concesión a mi fanatismo.

Es hora de Ramón, al que odié por su dialéctica menemista y risita burlona, pero que sabe más que nadie de buen juego.

Es hora de Gallego, que se fué de boca mil veces, pero que es un ganador nato y sabe armar los mejores planteles en tiempos reducidos.


Y, definitivamente, es hora del Virrey, aunque no lo nombren mucho porque es el único que acabaría con el principal conflicto de la selección: el "Periodismo Deportivo", dicho así, con comillas despectivas y en cursiva.


Pero el Virrey es mío, de mi pueblo boliviano y paraguayo, como nos discriminan las otras parcialidades, y ustedes, argentinos exitistas que nunca aprobaron nuestras copas por penales pero que nos envidian con toda su alma de oro olímpico, nunca podrán disfrutarlo.