Suspira, campo santo, dominio impalpable,
combate tu razón contra la fugacidad
de aquellos que te temen y creen con ansiedad
que en ti nada persiste, metrópoli intangible.
Ciudad superpoblada de espiración plausible,
murmullo de Las Anclas, tu fuerza es propiedad
que arropa a las viudas y a niños sin maldad
en horas de la siesta, sopor inquebrantable.
Tu fiel no cruza dedos ni teme a lo vedado,
implicitud que entierra al terco que porfía.
Si en ti no hay más que cuerpos y mármol cincelado
¿Por qué a medianoche, te aúlla la jauría?
Si en cuna de cipreses, se hamaca el desalmado
es gracias a un soplo que arrulla su agonía.
combate tu razón contra la fugacidad
de aquellos que te temen y creen con ansiedad
que en ti nada persiste, metrópoli intangible.
Ciudad superpoblada de espiración plausible,
murmullo de Las Anclas, tu fuerza es propiedad
que arropa a las viudas y a niños sin maldad
en horas de la siesta, sopor inquebrantable.
Tu fiel no cruza dedos ni teme a lo vedado,
implicitud que entierra al terco que porfía.
Si en ti no hay más que cuerpos y mármol cincelado
¿Por qué a medianoche, te aúlla la jauría?
Si en cuna de cipreses, se hamaca el desalmado
es gracias a un soplo que arrulla su agonía.
Manuel Grijalba (Las Anclas, 1872- ¿Punta Alta, 1901?)

El cementerio blanco, ubicado en la entrada a Punta Alta, llegando desde Bahía Blanca, es una incógnita. En los archivos de la ciudad se pueden encontrar muchas versiones -todas inciertas- sobre su orígen. Sólo se sabe que allí hay cientos de cruces sin nombre, a las que el musgo va tapando poco a poco. Tiene vigilancia, eso sí, pues la proliferación de sectas ha vuelto al lugar un punto de atracción para sus ritos.
No son los primeros pobladores, no son los muertos por alguna peste de principios de siglo, y definitivamente, aunque esa sea la 'historia oficial', no son los obreros que emigraron desde Italia e Irlanda para la construcción del puerto.
Situado a metros de la ruta, cuando uno es capaz de filtrarse entre los alambres de púa que lo rodean, se siente sumergido en otro tiempo, que no es el de los seres humanos ni el de los espíritus. Porque no se sabe si allí hay espíritu, carne de lo que alguna vez fué, o mero simbolismo.
Nunca se ofició una misa en el lugar, pero alguien desconocido ha mandado a pintar la arcada neoclásica por donde se ingresa, aquella que se encuentra encabezada por la leyenda "Resurgam!".
Fotos tomadas por Patricia Cantero, de quien tuve el pedido expreso de no publicar una foto que no los dejaría dormir esta noche.

