Las Anclas

VI

Llegaste a medianoche, fin de la travesía.

No quise hablar del clima, de lluvias que vendrán.

Lo dijo el Almirante “De aquí... nunca saldrán.”.

Las Anclas tiene vida, recuerda esta poesía.

Un año en Capital estudiando Abogacía,

Que no lo has intentado decir nunca podrán.

Revende las valijas, seguro algo valdrán

Hay que empezar de nuevo, comprar otra alcancía.

-“Socorro Scalabrini en toda desventura”-

Decía el inmigrante, de la ciudad cimiento.

Pero él después se burla del joven en su ocaso

El Beato desde el Cielo, abraza el sufrimiento.

No llores, estudiante, si ríen tu fracaso:

Las Anclas tiene vida, más nunca sentimiento.




IV

La misma película, ya no hay marquesina

Que anuncie todo el año, aún en vacaciones,

Fragmentos aburridos, con mil interrupciones

¿Proyectas otra imagen, oh máquina cansina?

El dulce matrimonio de la mansión vecina

Está buscando un hijo con todas sus facciones.

Celebran en la cuadra, formulan predicciones

“¿Será mujer u hombre?”, apuesta libertina.

Si hereda su cabello, bermejo, ensortijado,

Se enredará a la madre, su tibio y seco nido

Tal vez cuando trabaje, me encargue su cuidado

Y en los cumpleaños, tendrá el mejor vestido.

Un crío adopta el barrio, juguete tan preciado

Deseado y planeado, mas nunca concebido.





III

Lloran y lloran, más siguen en vela

Luces que arden después de bailar.

Piensa que a nadie ya puedes culpar

Arrorró niño, irás con tu abuela.

Día tras día, triste cantinela

Fértiles ubres no dan de mamar

Charlen despacio que va a despertar

Ya la nodriza su placa cincela.

“Madre ¿qué hago?, el bebé patalea

Justo hoy es viernes y quiero jugar.

Ya en Las Anclas creció la azalea...”

“Hija, no llore, lo voy a criar.

Que Dios me escuche, que nadie lo vea

No me solloces que empiezan a hablar.”





IX

Aún la nueva historia con diferentes caras

Es círculo vicioso de héroes sin espada.

Al gallo han rostizado, quién canta la albada

El pueblo no despierta, se lame las escaras.

Melancolía firme, aún si te ausentaras,

Atraerías niños a tu virtual posada.

O a los trabajadores que asisten sin la azada,

Reunidos ante un fuego urgido con sus varas.

Recuerdo idealizado que tengo que ahuyentar,

Devoras los relojes de la hora del descanso,

Degustas la fortuna y la ahogas en el mar.

Navega marinero, mantente fiel y manso,

Que cuando tu esperanza se canse de pujar

Recordarás la historia, tu cálido remanso.